Orar por escrito
No sabía cómo orar hasta que lo escribí.
Desde muy niña y hasta ahora, he admirado cómo muchas personas en mi familia pueden orar largas horas fervientemente, de rodillas, derramando su corazón y hablando con Dios. Yo lo intenté muchas veces, pero siempre fue infructuoso, mis piernas dolían, me dormía o me distraía, o a veces solo no sabía qué decir.
Ver cómo mi abuelo decía que se había levantado a las 2 am porque sintió que el Señor le llamaba para hablar con él o ver a mi abuela despertarse todos los días muy temprano a orar y a leer la Biblia me parecía sencillamente muy loable, pero obviamente inalcanzable, jamás lograría esa dedicación. Luego, pasaron los años y noté que mi mamá intencionalmente se levantaba más temprano para orar y agradecer por un nuevo día y desde ahí, se convirtió en un reto, ya no era solo cosa de abuelitos, mi mamá también lo hacía y quería ver cómo se sentía. Nunca lo logré, orar siempre fue una técnica desconocida para mí porque me era difícil expresar hablando, un deseo que solo podía pensar.
El calendario fue corriendo y yo solo viví una que otra ocasión en la que la oración tal cual como mencioné antes, de rodillas y fervientemente salía a flote, pero solo sentía que era posible porque mi corazón ya había estallado de tanto que había acumulado, no lo veía como una práctica diaria, la cual tuviese que perfeccionar, si no más bien como un analgésico que le calmaba el dolor a mi corazón sangrante y anhelante de amor.
Pasó tanto y mi vida cristiana que se supone debía seguir mejorando y mejorando conforme iba creciendo, solo se convirtió en una experiencia de domingo que me llevaba a aparentar una vida justa, donde no la había. Era como esos que dice el Señor en Mateo 15:8: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” Si bien, de labios honraba al Señor los domingos cuando enseñaba su palabra, entre semana, mi corazón estaba muy lejos de Él.
Doloroso fue cuando me encontré angustiada, viviendo una doble vida y sin entender cómo fue que llegué hasta allí, que me di cuenta que no era suficiente la manera como yo estaba “honrando a Dios” más bien lo que sucedía era que yo sabía cómo mover los hilos necesarios para aparentar que era así y entonces, oré fervientemente pero esta vez no por haber estallado como en otros momentos si no buscando una solución a mi dilema moral y el Señor sanó mi corazón de verdad y me quitó el velo que tapaba mi angustiosa realidad, no era una cristiana real, solo seguía una costumbre que se me había heredado y debía hacer algo al respecto.
Descubrí la oración por escrito por medio de Ana Ávila, autora de Aprovecha bien el tiempo (2020) y Lo que contemplas te transforma (2024), además de muchos otros artículos y recursos para la vida cristiana que me han edificado muchísimo desde hace ya cuatro años. Encontré su trabajo por medio de Instagram y me dio justo al blanco cuando en una historia por allá en el 2022 en donde identifiqué un método que ella usaba en su Iglesia para ayudar a los hermanos a tener un tiempo real de estudio de la palabra, así que lo intenté. Tomé una de las tantas libretas me habían regalado por mi cumpleaños y lo hice, empecé a escribir mis oraciones como cartas al Señor.
No puedo expresar lo que sentí cuando día a día escribía algo, no siempre fue mucho, algunas veces era una sola hoja, hablando de cómo había sido mi día, otros días —idea de Ana también— oraba los Salmos, en otras ocasiones, solo oraba como lo sentía en mi mente y dejaba que el lapicero fluyera junto con mi mano, escribía hojas y hojas. Intencionalmente me fijaba de orar por todo, pero me di cuenta que era muy tedioso y no me daban ganas de escribir lo mismo siempre, así que día a día oraba por cosas diferentes y fue como empecé a ver cambios.
Acompañé esa oración con un estudio profundo de la Biblia y ahí dejé de llevar una doble vida, ya podía decir con seguridad que era cristiana porque estaba imitando a Cristo, poco a poco y progresivamente había encontrado lo mío porque me di cuenta que no tenía la atención y resistencia suficiente para hablar por horas sin distraerme mirando al rededor o pensando en los pendientes que me aguardaban después de la oración, empecé a entender que necesito enfocar mi atención en las palabras que veo escritas en el cuaderno, necesito saber que estoy presente solo orando y agradeciendo
“Tomando la oración como el pan de cada día, no como un postre solo para momentos especiales.” (Autor desconocido, s.f.)
Necesito la oración para no caer en pecados del pasado, para permanecer firme ante cualquier circunstancia, para hablar con mi Padre y escuchar su consejo, necesito la oración como anhelo mi cama al final del día, necesito la oración para incluso poder conversar con otra persona, puedo decir que por fin comprendí 1 de Tesalonicenses 5:17¹ y eso me ha ayudado a depender más de Dios y a llenarme de Él cuando sería más fácil llenarme del mundo.
Con esto no quiero decir que desde que oro por escrito he sido 100% constante, que no he fallado ni un día y que ahora no camino, si no que levito, al contrario, he tenido temporadas de sequía, donde dejé mi cuaderno guardado y pasaron meses antes de volver a escribir. Momentos donde solo oraba en mi mente y de vez en cuando, escribía una o dos páginas, momentos difíciles, he de admitir. Lo más hermoso de todo es que al volver sentí como ese momento de reencuentro con ese amigo con el que uno deja de hablar un tiempo pero cuando vuelve es como si nunca lo hubiese dejado de hacer porque mi Señor, como siempre, me abre las puertas y me acepta incluso cuando yo le he fallado.
Te invito a que busques tu método, quizá no sea por escrito, quizá sea tomarse un tiempo para orar en tu mente mientras dibujas lo que el Señor te está haciendo sentir, o de pronto, sí es de rodillas, sentado o de pie, hablando como si lo tuvieras de frente o cualquier otro que te funcione, que sea real y bíblico, que te confronte, que te permita comunicarte con Él y brindarle un espacio en tu día, para de ahí salir a meditar en Él y en lo que te permite ver. Lo que sí es importante es que no dejes de orar, porque si dejas de hacerlo es como si dejaras de respirar y como bien sabes, es muy necesario para poder seguir viviendo y disfrutando de lo que Dios te está proveyendo.
Foto tomada por mí, Andrea Rodríguez. - Así se veía uno de mis primeros estudios bíblicos.
Notas al pie:
¹Orad sin cesar. (LBLA)



Hola! Qué bonito lo que compartes. Creo que tenemos una historia similar, también siempre ví a mi mamá orar a Dios de rodillas, en la madrugada, parecía que se le hacía muy fácil. En cambio, a mí no. Pasaron los años, situaciones y descubrí que también puedo hacer lo mismo, rendir mi corazón a Dios, mediante el uso de un papel.
Dios te siga bendiciendo!
Creo, a mi parecer; que no sabemos orar ni por oración, ni por meditación, ni por escrito ni por boca; sino sabemos a quién o qué le estamos orando...