La maternidad
Un hermoso y aterrador regalo
Hoy dos días después del segundo cumpleaños de mi hijo recuerdo por pedazos lo que fue enterarme y asumir el hecho de que desde el 2 de noviembre del 2023 soy mamá. Y sí, lo cuento desde el día que me enteré porque en ese momento entendí que la concepción también es parte del proceso y, además marca un hito en el largo camino de ser mamá.
Un día sentí molestias, algo no estaba bien, definitivamente o estaba enferma de gravedad o embarazada. Gracias a Dios fue la segunda, pero debo admitir que si se lo preguntaran a mi yo adolescente hubiera preferido mil veces estar enferma de gravedad. Sé por experiencias cercanas que esto nos sucedió a muchas, preferir morir antes que gestar una vida. Las cosas cambiaron cuando a mis 23 años con dos pruebas de embarazo, Camilo y yo dimos nuestro primer positivo. Ya no se sentía tan aterrador, había algo más aguardando.
Anteriormente habíamos tenido tres negativos, unos meses después, dos pruebas más en positivo no mentían, estaba embarazada. Las primeras tres pruebas pasaron frente nuestro, una de ellas con alivio, las otras dos con tristeza. Las ultimas dos, las positivas, se sintieron diferentes, era una sensación de emoción con tintes de ansiedad que no se puede sentir con otra cosa que con la noticia de una vida en camino.
Al marcar nuestro primer positivo yo solo pude llorar, no sabía qué sentir. Mi esposo por otro lado no quería cambiarse por nadie y fue ahí donde mi expresión de miedo cambió a tranquilidad porque no lo iba a hacer sola y así ha sido hasta ahora, hemos estado juntos a pesar de todo.
La idea de que ya estaba “lista” para tener un hijo, rondó por mi cabeza algunos meses, me sentía con profundas ganas de llamarle hijo a un bebé pequeñito, enseñarle y mostrarle la vida, acompañarlo y ser su guía. Observaba a otros niños y sus juegos y me veía en ello. Un mes antes de nuestro primer positivo, dimos negativo y debo admitir que sentí alivio, estábamos pasando por uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas pero el mes siguiente, aunque desolados y muy tristes, ese primer positivo, cambió todo el panorama gris a un arcoíris de mil colores.
Entonces, empezó a crecer ‘Bebé’, muy sano y grande para su edad gestacional, lo nombramos ‘Bebé’ hasta que nos decidimos por Juan Camilo, cinco meses después. En nuestra mente habitaba la idea que era una niña quien venía en camino y cuando supimos que era un varón, todo se volcó nuevamente. Nuestro bebé ha traído mil emociones a nuestra vida y la de las personas a nuestro alrededor.
Así es como hemos vivido hasta ahora, de subidas en bajadas. Hemos aprendido mucho, hemos llorado y reído, Juan Camilo ha sido excepcional. Cuando menos pensamos hace algo que trae en nuestro corazón un gozo que no hemos sentido con nada más y es raro porque aunque la vida cambia un montón, sigues habitando los mismos lugares pero sin ser el mismo, piensas diferentes, actúas diferente y sin darte cuenta, eres otro.
Ser otro te hace considerar cosas que antes no pensabas como la idea de tener una familia más grande. Eso es lo que ronda nuestras cabezas por estos días. Anhelamos que este hecho le abra el corazón a nuestro hijo al increíble mundo de ser hermano mayor, el más hermoso que he habitado desde mis tres años. Pero de no ser así entendemos que la voluntad de Dios nos sobrepasa y daremos lo mejor para que nuestro hijo crezca amando al Padre celestial más de lo que nos ame a nosotros, aunque sea difícil y nos duela un montón.
Hoy en día tener una familia de más de tres suele verse como un acto de rebeldía, hemos escuchado expresiones sobre tener más hijos que nos duelen y nos preocupan. Ven a los niños como una carga, casi que como un estorbo. Dicen que hay tanta maldad en el mundo como para traer un niño a que sufra, pero si los cristianos no tenemos hijos, ¿Quién le predicará al mundo el mensaje de salvación? Es triste que los que son cristianos, son los que nos ‘sugieren’ abandonar la idea de tener una familia más grande. Además, que nos tildan de incapaces, que ya estamos lidiando mucho con el hijo que tenemos, que ¿para qué más? incluso nos han llamado a considerar las cirugías de esterilización porque ya supimos qué se sentía, un hijo más sería un abuso.
Entonces, aunque con miedo, hemos considerado la opción de como es debido, dejarle esa tarea a Dios. Él es quién sabe y lo hará en su momento, porque es soberano y cada niño que llega al mundo, llega con un propósito, nosotros como seres humanos no tenemos la capacidad de decidir cuál es el deseo de Dios para las cosas, aunque lo intentemos.
Hoy solo nos queda agradecer al Señor por inundarnos de amor desde ese 2 de noviembre, por permitirnos conocer a nuestro pequeño hijo un 20 de junio luego de tantas complicaciones al nacer, por esos primeros meses tan difíciles y retadores, por verle sentarse, gatear, caminar y correr. Porque cada reto lo hemos superado de la mano de nuestro Dios, aunque a veces solo nos den ganas de llorar y escondernos.
Damos gracias a Dios porque cada vida cuenta, porque nosotros ese día también nacimos, nos desprendimos de todo, soltamos cosas que nos ataban a un pasado que no volverá, porque ser papás es una tarea sin descanso, pero es porque estamos cuidando de un tesoro, estamos siendo mayordomos de una vida que en el futuro le servirá al Señor y por eso, debemos hacerlo lo mejor posible guiados por Él.
Gloria a Dios por las familias, gloria a Dios por la maternidad. Que, aunque sea lo más difícil que hemos hecho, sin lugar a dudas, es lo más maravilloso que nos ha pasado.



mi frase favorita: “Ese día también nacimos nosotros”. Creo que resume muy bien lo que Dios hace cuando nos entrega la responsabilidad de cuidar una vida, pues nos transforma mientras intentamos ayudar a crecer a alguien más.
Gracias por compartir esta historia. Y feliz cumpleaños a Juan Camilo, una evidencia más de la bondad de Dios hacia su familia.
Qué bello, Andrea, ver en ti ese proceso por el que todos atravesamos (o deberíamos atravesar), ver al Señor transformando nuestra manera de pensar y actuar, para que rindamos nuestra voluntad a la Suya, confiando en que Él sabe qué es mejor